Pequeña pero segura felicidad

Hoy desperté un poco más temprano que otras veces, tuve mi tiempo de café y sanar, y cantaban los pájaros como de costumbre. Estuve profundizando sobre aquello que me anima; en mi soledad puedo ser sincera conmigo, cuestionarme cosas, y también entender o tratar de hacerlo.

Hay días alegres y días duros, y lo que intento es no olvidar que cualquier momento es preciso para sentir felicidad pequeña. Conocer las prioridades alarga el día y propicia momentos buenos. 

La felicidad pequeña no impide que llegue una gran e inesperada felicidad, pero la felicidad pequeña puede si se decide así, ser constante. Un poco de pequeña felicidad puede ser algo seguro de cada día, un recurso que se posee, para no depender de la sorpresa, la suerte o la fortuna de que algo asombroso ocurra. Lo ordinario por sí, puede ya ser asombroso, y una respuesta a la incertidumbre de cada persona.

Tomo al menos un tiempo corto pero obligatorio diariamente para colocarme en una situación que me hace feliz, esto es realmente importante, pues he aprendido a abrir espacios en medio del ajetreo, de la formalidad y lo que debería ser, y disfruto conectarme conmigo y con la vida que está pasando justo cuando parece que no es posible. Si me encuentro diariamente en posibilidad de sentir felicidad, ya no necesito el viernes o vacaciones, sino que todo tiempo es agradable.

En matemática dicen que el orden de los factores no altera el producto, pero yo digo que, en el diario vivir y la cotidianidad, el orden de las cosas sí puede afectar el producto, y aunque parezca poco creíble, creo que ese orden puede ser la diferencia entre sentir felicidad en una vida ocupada e imperfecta, o no. Aquello que da felicidad debe ser prioridad, y tener prioridades determina el ritmo de la vida.

Si se está esperando siempre una situación extraordinaria o aquello que hace falta para estar complacido, entonces la felicidad se vuelve distante e imposible, y los días son largos, vacíos y estériles. Obtener felicidad es más bien jugar con lo que se tiene, sin importar si mañana habrán mejores juguetes, herramientas o el espacio para hacerlo. 

Algunos ejemplos de la manera en que hago esto todos los días podrían ser los siguientes: estoy en la oficina pero puedo hacer una pausa y salir caminando a visitar un museo o una galería, decido pintar unos vestidos o flores en mi libreta mientras bebo algo caliente en un lugar sencillo pero acogedor al salir de una reunión o en medio de entregar alguna información en un banco, preparo la merienda con detalle aunque deba pronto salir, cambio unos minutos de sueño por tostar el pan y colocar cuidadosamente la miel por encima. Es conveniente aún en medio de un caos interno por compromisos sacar fotografías en el jardín del sitio al que fui comer, o simplemente escribir mientras escucho un poco de música sentada en alguna banca, sala de espera, o espacio público.

Una vida que es buena es ocupada, yo realmente voy casi todo el día de un punto a otro, y todavía me parece fácil. Es fácil. En la oscuridad procuro seguir siendo cálida y generosa conmigo, y regalarme vivir todos los días y no solo algunos pocos, y así lo hago. Me gustaría que tu día y el mío sean buenos, con unos momentos buenos y una esperanza que se mantenga alimentada de ellos, y por eso escribo esto.