Un origami con mi papel de víctima

He empezado a notar los grandes progresos, ¿Es ese un nuevo gesto?, te queda bien.

Yo no conozco mucho sobre la forma correcta de manejar ciertas actitudes violentas y dolorosas, creo que jamás me he sabido defender, tampoco aprendí a ignorar, pero de algo que sí entiendo, es de sufrir, de lo que se siente, y que indudablemente, un día el dolor se acaba, sin importar la causa.

Especialmente ahora quiero hablar sobre el ser una víctima, ser llamada o llamado “víctima” al reaccionar ante los actos de otra persona. Supongo que a mí me importa mucho, porque no hay como estar en agonía, y que aquel ser humano, te diga que te estás victimizando.

Dicen: ¿Porqué lloras?, no te hagas la víctima, deja de llorar, es lo único que sabes, ser la víctima, ¡Te encanta esto!, lloras porque te apetece.

Debe ser más complejo de lo que me resulta a mí, pero en este momento, que estoy metida con este tema hasta la cocina, yo creo que nadie llora por gusto. Luego de hacerlo, te quedas pegajoso, salado de la cara, con dolor de cabeza y los ojos chinos. No está bueno llorar, llorar y no querer levantarse el domingo, en realidad ningún día, permanecer en silencio, y tampoco entender. Si le dices algo a alguien, y este se planta a llorar, definitivamente, le causaste algo.

Lo usas de forma despectiva, humillante, graciosa y ofensiva el llamarle víctima, pero la realidad es que sin importar la connotación que le pongas, es la víctima.

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