Si vos pasás, yo te miro

Hay días en los que siento que te voy a querer toda la vida, con cada sentido y con todas mis caras posibles. A pesar de nuestro inexistente renacimiento o tu irremediable olvido. Veo la vida pasar, el tiempo que no regresa, y no quiero aceptar lo que me toca.

Me gustás tanto que no se me terminan los sueños, tu sombra, ni tu color. Los secretos de las calles me hablan de vos. Tanto tiempo le he cantado a tu sonrisa, que regresar a los espacios que no habitas es como procurar oír el mar en un tarro; si tan solo la sorpresa trajera tu voz.

Hay un poquito de fe que no me deja cicatrizar las heridas, y vuelvo a empezar y a empezar, y me doy cuenta de pronto que estoy rezagada, que voy perdiendo. Tres veces al año me viene pasando esto.

Pocas veces entiendo bien lo que me ocurre por dentro, pero sí que logro hacerlo al sentir en la raya divisoria entre lo sano y la enfermedad, que los jazmines sembrados no están ya dándome flor, que no puedo escribir, y que la risa más que viviendo se ha concentrado en sobrevivir.

Reconozco que hay personas que luchan toda su vida sin lograr conseguir lo mismo que quiero yo, clavar la paz en mi casa y caminar todos los días con bandera de sincera. Pido para saborear las glorias mucho menos de lo que consideré antes.

Todo lo que ambiciono es que me ofrezcás hacerme una coleta mientras esperamos un helado, o irnos lejos de la gente. En contra de mis ganas, si vos pasás, yo te miro.

Un comentario en “Si vos pasás, yo te miro”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *