Prostitución femenina

Ninguna mujer ni mujer transexual posee menor dignidad humana que otro ser, sin importar la actividad a la que se dedique. Cada mujer y mujer transexual posee una vida con igual importancia al resto de los seres humanos.

Trabajadoras del sexo es el término considerado políticamente correcto por muchos hoy para referirse a aquellas mujeres o mujeres transexuales que brindan servicios sexuales a cambio de dinero.

De la prostitución femenina deriva el término “puta”, mismo que comúnmente es utilizado como una forma ofensiva en general de dirigirse a otras personas, una palabra superficialmente empleada para ridiculizar, diferenciar, excluir, emitir una calificación denigratoria e incluso en algunos que se gozan en su humor sarcástico tan de mal gusto, se pretende utilizarlo en son de burla; a raíz de esto yo me pregunto, ¿Tiene algún sentido?, ¿Es “puta” una ofensa válida o simplemente una estrategia cultural de dominación de género?

Así se expongan los servicios sexuales como transacciones frías y carentes de humanidad, en este caso lo cierto es que detrás quienes los brindan son seres humanos, tan humanos como aquel que desempeña cualquier otro oficio.

Las mujeres y mujeres transexuales que se dedican a la prostitución tienen un 40% más de posibilidades de morir de forma violenta, además de exponerse constantemente a la trata de personas, la esclavitud, la pederastia y la exclusión social. La prostitución es un oficio de alto riesgo, y cualquier connotación que busque estigmatizar más lo que a esta se refiera, debería evitarse.

Muchos son los factores que acercan a las mujeres y mujeres transexuales a la prostitución, por ejemplo según datos del Parlamento Europeo entre el 43% y el 69% de las trabajadoras del sexo en el mundo ha sufrido abuso sexual durante su infancia, así como la falta de techo, penurias económicas y ausencia de educación, apoyo e instrucción. Dentro de las mayores consecuencias está el alto porcentaje de ellas que sufre depresión, traumas psicológicos, ataques de pánico o ansiedad.

La prostitución rara vez es una elección, sin embargo, es un hecho que no toda prostitución es obligada; el porcentaje de trabajadoras del sexo que ha decidido operar por su cuenta si bien es bajo, existe. Estas trabajadoras del sexo se contactan por distintos canales de comunicación, lo cual les brinda cuidado y funciona como método de contención; no toda prostitución tiene un intermediario, pero eso no quiere decir que la prostitución diste del proxenetismo.

Hay instituciones y parte de la sociedad que se encuentra a favor, aparentemente pensando en hacer algo por ellas, y por humanizar la actividad lucrativa que desempeñan, por ejemplo se puede hacer mención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante CIDH), que aparentemente motivada por el alto número de asesinatos a trabajadoras sexuales, realizó en la ciudad de Washington la primera audiencia sobre derechos de trabajadoras sexuales en América. La CIDH hizo un llamado a los gobiernos de la región, para que sean diseñadas políticas públicas que permitan regular la prostitución de manera que se pueda ejercer de manera digna.

Entonces, ¿Legal y regular?, ¿Bajaría la criminalidad en torno al trabajo sexual si este se reglamenta?, mucho se  debate, y es parte de la agenda política en muchos países del mundo. Quienes se encuentran en contra defienden que se está a punto de aprobar leyes que benefician a los proxenetas más que a las prostitutas, y que además, hoy, la experiencia advierte que el resultado en países como Holanda y Alemania no ha sido nada favorable debido a factores como la falta de enfoque hacia el cuido de la salud de las trabajadoras, que ha facilitado camuflar actividades ilícitas, y a que se ha probado que legalizar la prostitución facilita los tratos turbios de tráfico sexual, expande la prostitución infantil, además de que por lo general, las trabajadoras del sexo no quieren que se legalice.

La reglamentación de la prostitución ha demostrado que puede ser nociva para las víctimas explotadas. En el porcentaje más amplio, la prostitución, lejos de tratarse de mujeres y mujeres transexuales que por convicción propia han decidido acudir a la calle en la noche a ofrecer servicios sexuales, es más bien un sistema de compraventa de esclavas en donde el producto (en este caso) es una mujer o una mujer transexual. El ser humano a quien se extorsiona, con quien se trafica y posteriormente mercantiliza.

Tenemos que, una estrategia de prevención de la delincuencia organizada es la reducción de oportunidades al crimen. Pues bien, los enfoques reglamentistas de la prostitución que se están buscando contradicen los esfuerzos preventivos sobre la delincuencia, según los expertos, y pueden no ser más que un factor de inseguridad. Legalizar la prostitución es una puerta de entrada no sólo para la delincuencia organizada, sino para el asentamiento y consolidación de redes criminales. Reglamentar los servicios sexuales proporciona una vía excelente de infiltración de grupos criminales organizados en el sector servicios, legítimo, de la ciudadanía. Es ubicar en un sitio seguro aquella aspiración de toda una mafia global, criminal, pero con criterio empresarial.

Como en todo negocio, existe la oferta y la demanda, por tanto lo cierto es que da igual el modelo que se aplique, mientras haya hombres que maltratan a las mujeres para satisfacer sus impulsos y se condene y separe a las prostitutas, el problema continuara siendo cultural, ¿Puede aún en la actualidad la masculinidad tradicional proponer la obtención de logros a partir de la violencia?, pues sí.

El estigma de la prostitución por otro lado, se expande y tiene lugar en otros aspectos socioculturales que no tiene que ver con lo que las trabajadoras del sexo son o hacen, sino con que representa un potente elemento de control para las mujeres que no trabajan en la industria del sexo, y que se sepa de qué se debe distar, qué no hacer y qué no ser, es decir, la prostitución se enmarca y se juzga tradicionalmente en relación con la moral de tipo sexual.

En muchos movimientos feministas se rechaza la reglamentación de la prostitución, pues se incluyen dentro de la «violencia machista» y les catalogan como prácticas incompatibles con los derechos humanos de las mujeres. La violencia que es ejercida en la prostitución femenina por hombres de todo el mundo devalúa la imagen de las mujeres, normaliza la violencia sexual masculina y favorece la desigualdad entre hombres y mujeres.

Lejos de lo que se pregona, las trabajadoras del sexo no son un grupo pequeño ni han sido olvidadas por todos, sino que se intenta ignorar de forma egoísta y voluntaria que hay en el mundo alrededor de 42 millones de personas que pueden haber sido obligadas, o bien, que han decidido dedicarse a este oficio, y de ese porcentaje más del 80% son mujeres y mujeres transexuales. Por otro lado, también es un hecho que las mujeres y mujeres transexuales que podemos ver comúnmente, sufren humillaciones, acoso y que son constantemente juzgadas y señaladas; tienen una amplia demanda por los mismos que las explota y minimiza. En muchos casos, el mismo hombre que contrata los servicios de una trabajadora del sexo, en otra comunidad es un marido y un padre, prestigioso en lo que hace, recto, ejemplar, pero en la mayoría de las historias, no será más que un hombre, un hombre condenando dos horas más tarde la prostitución con sus palabras al otro lado del muro, claro está.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *