Mejor que el pasado, y para siempre

Una idónea compañía para los días es el recordatorio de que estar aquí en la tierra con un corazón palpitante debe ser para otra cosa que ganar una miseria en un trabajo ingrato, salir de casa por doce horas para alimentar los hijos, correr y pretender, satisfacerte tímidamente luego de la angustia de no lograr los pagos del mes, lidiar con violencia, indiferencia, o pelear cualquier tipo de guerra con la vida constantemente.

Por mi parte, hace mucho decidí que hay una realidad que no estoy dispuesta a vivir, me tomé la atribución de amar tantas cosas que se me dificulta apartarme de ellas, y me construí para el vacío unos remedios propios. Me permito calma y felicidad, y pienso con libertad en el pasado. Veo el pasar de los días, lo bonito, lo bueno, y entonces el arte de encontrarme constantemente inspirada y plena me resulta como el pasado, como era el pasado.

En el pasado podía recordar con frecuencia que lo podía todo,  y es que últimamente también lo he podido todo, y con todo no hablo de un absoluto, del todo de todos, sino de lo que es imprescindible para mí.

He aumentado mi margen de maniobra, dejando de lado mis temores, entré en un periodo sin llantos, libre de alzadas de tono, y carente de domingos tristes. Hoy disfruto mi todo, y agradezco ese todo, y de alguna manera aquello que creo que es lo mejor me recuerda el pasado, pues viví lo que agradecí más, lo que creí que era todo y no lo era, y ahora desde lo lejos al fin siento y me muevo por lo demás, me gozo el presente, y agradezco lo infinito, y que por suerte va mucho más allá de lo que el pasado fue.

Vivo momentos de inmensidad tan grande que el silencio y la contemplación de los detalles alrededor es la respuesta más coherente; la respuesta es también al menos por ahora, que estoy muy conmigo, hasta que lo demás esté conmigo también, y que esto sea así como casi siempre, pero para siempre.

5 opiniones en “Mejor que el pasado, y para siempre”

  1. Mi todo y el suyo, succionados por un torbellino de necesidades, que en la confrontación del encuentro desatan la tormenta pasional carente de cualquier raciocinio… Momento de reclamos de vacíos y ausencias de murmullo a gritos…la carne latente. Granizada de idealizaciones dónde prima la ilusión antes que el vacío, gran hueco de la nada. Mi sexo… a su merced y atado a nuestros egos…descarga un rayo electrocustico… pequeña muerte y el renacer de lo cuerpo. Lo efímero…la conciencia…culpa y angustia sobreviene…. el miedo a perderte se instala, en la devastación la inseguridad y el corrosivo tiempo.

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