Me voy del mal, me gusta el bien

Si de un sitio solo obtengo el mal, y me falta el bien, y paso recordando el bien que ya no tengo, y me descubro insegura, me pesa mi amor que no me basta porque está nervioso, la contención del bien se hace extrañar, y tengo miedo de acostumbrarme al mal, entonces me tengo que ir. No hay mal que me sepa rico, por más que prometa buenas intenciones.

El bien me gusta, y no hay ni una cosa del mal que yo disfrute.

Yo ya conocí el bien, lo conocí desde chica, y en el camino fui siempre yendo de su mano, yendo por el bien. No solo me gusta recibir el bien, sino serlo, ser el bien para otros que yo quiero recibir. Me gusta contar sobre él y sobre el amor, que van juntos. Se ocupa el bien del amor y el amor del bien. Se preocupa, se entrega. El bien te alimenta antes que a su propia boca, te limpia las rodillas y te abriga. El bien quiere tu salud, que llegues a salvo, que tengas una casa, que estudies, que crezcas, que ames y que te amen.

El engaño, el arrepentimiento, la mediocridad, la frialdad, el pretexto, todas esas son cosas del mal, nadie las merece, sobre todo el bien. El mal es más fácil de encontrar, y entre sus trampas quiere que pienses que quitas la libertad, pero lo cierto es que tú eres libertad, tu compañía es libertad, tus brazos son amorosos, eres un regalo precioso, suave y agradable.

El mal solo es aceptado por quien no conoce de las glorias del bien, la calidez y la ternura del bien.  

El bien es generoso, te besa apasionadamente, te da la mano para girar, para cruzar, y si se va a China, te lleva consigo, y a cualquier lugar que tu camino se dirija, el bien te sigue acompañando, ya que así es él. Es una verdad.

El mal se disfraza de bien, a veces, y uno lo sabe. Se va el bien, y te queda faltando un poquito, pero se va el mal, y te sientes en un abismo, vacío, carente.

El bien es abundante, no escatima al dar, no se descubre de una parte por cubrir la otra, no se cae, es seguro, no le teme al mañana, no busca algo mejor, no teme de ti. Es de una sola pieza.

No le suplicas al mal para que sea bueno mientras tiras de su ropa y se la estiras y le cansas, no puede, pero al bien en cambio no le tienes que pedir que por favor sea bueno, porque sencillamente lo es.  

Del mal yo no me acuerdo, del mal yo me olvido y corro a los brazos del bien.

Un comentario en “Me voy del mal, me gusta el bien”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *