Las abuelas y otros milagros

De niña cocinaba pan con mi mamá, y mi abuelita, que se encargaba de la cocina y otras tareas del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, las vendía a los trabajadores. Yo me sentía una gran chef, y mi abuelita traía el dinero y alguna cosita que me compraba en los chinos.

Siempre me ha acogido en sus brazos amorosos, y trabajó incansablemente por todos. La vida hoy es diferente, ella ya luce como las abuelitas de los cuentos, su cabello se volvió canoso y sus manos temblorosas carecen de la agilidad que las caracterizaba, pero todo eso, se ha convertido en una ternura mayor a la media, una mirada tan dulce y profunda, y aquellas ganas de que dure para toda la vida.

Las abuelitas son milagros, tenerlas es un milagro, que nuestras madres habitaran en sus vientres es un milagro, y que su corazón continúe latiendo con el mismo perdón, consejo, consuelo, y amor, es el más grande de todos.

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