Mi nivel de consciencia aumenta

 

Te comparto las siguientes afirmaciones con todas las ganas de que las pongas en aquellos momentos de tu vida que así lo ameriten, y más allá de eso, siento que he podido escribirlo de esta forma espontánea de cara a mis propios vacíos, y los acomodos que me llegan con los sucesos recientes; el mensaje es cotidiano y aparentemente simple, sin embargo, no está exento de ser olvidado, y es mejor que no sea así.

De cara a la verdad reconozco que quizás no hay un motivo dando sentido a mi vida, a cada día, a todo, pero la tarde aún así no se me escapa, y sigo buscando, busco un regalo tras cada temblor, y si no lo hay, yo puedo crearlo. Logro así una vida con momentos especiales, una vida que vale, y justo esto, me lleva a sentir tan fuerte como para reír o llorar. 

Disfruto del tiempo aunque sea imperfecto, con toda la carencia y la falta, agradezco, se me pone enfrente la emoción y yo la quiero coger. De pronto puedo darme cuenta de todo lo que pasa alrededor, y lo acepto, soy lo suficiente fuerte, soy lo suficiente buena. La nostalgia no me puede, y en la soledad tomo mi propia mano.

Hay aprendizajes y situaciones por las que voy a pasar, y estas a su vez me facilitan entender mi cometido aquí, ¿Por qué he conocido a esta persona?, ¿Por qué me he ido de la vida de alguien que pensé que estaría en abundancia de tiempo? Uno no decide de quién se enamora, pero verdadero martirio y desdicha sería no poder amar. 

Aumento mi nivel de consciencia y entonces logro poner mayores esfuerzos en aquello que me nutre y que está, lo que se fue yo me lo olvido, lo que no tengo ¿Qué más da? si no lo tengo. Me acerco a los anhelos que habitan en mi corazón, a mi propia expectativa y fin.

Permanezco en un lugar con seguridad, pues siento que debo hacerlo hasta terminar mi propósito. No tomo decisiones al azar, sino que sigo mi intuición.

He encontrado un sitio en dónde podría empezar algo nuevo, y me he impreso la confianza para llevarlo a cabo; voy por el camino que es. 

Diariamente recibo, aprendo a perdonar, no temo al amor, no temo a la generosidad. Me felicito por mis incansables esfuerzos, me aplaudo, me mimo. 

Acepto con serenidad las despedidas (esperadas o no) que me resultan necesarias para poder abrir espacio a lo nuevo; suelto desde la tranquilidad, y reconozco que los inicios y los finales son parte de vivir.

Pongo intenciones bondadosas a todo lo que toco, todo lo que construyo, todo lo que abrazo y beso. Pongo la bondad en mis palabras y pongo la bondad en la manera en que trato a cada persona que me cruzo.

La sabiduría y la esperanza son parte de mí, perdono y decido crecer, actúo de forma sincera con mis sentimientos y mis emociones, y cuido de mí, cuido de mi corazón y de mi espíritu. Formo cada día a un ser verdaderamente noble y agradecido, soy una persona empática y confiable.

Por defecto y por virtud, yo traía este corazón, que no me puedo arrancar, que no cambia, que no me apetece convertir en piedra ni meter en una bolsa. 

Busco lo que quiero, soy coherente y no me avergüenzo de acciones, no doy más de lo que tengo para impresionar, soy suficiente para realizar todas mis inquietudes, y en todo momento confío.

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